Silvana Melo nació y creció en una ciudad de cemento y cárceles. La insolencia la depositó en el medio de la poesía. Recuerda la adolescencia en dictadura como una noche de cementerio. Estudió y leyó y leyó y leyó. Se resistió a los títulos y le hicieron sentir esa desnudez. Dicen que es periodista.

Fue prosecretaria de Redacción y Jefa de Política en el diario de la ciudad de cemento y cárceles.

Es co-editora en Agencia de Noticias Pelota de Trapo. Colaboró en Sudestada, cubrió Lesa para Página 12, pasó cuando fue necesario por Miradas al Sur, Infojus y Marcha.

Hizo mucha poesía, de la escrita y de la otra. Plantó flores, celebró el día y escribió una novela (Rey de Azares) de derrumbe y de desolada condición humana.

Es educadora popular, enseñó (y enseña) periodismo a los chicos de los arrabales y los acompaña en la edición de revistas y programas de radio.

Asegura que trota casi diez kilómetros en los caminos de la ribera del Riachuelo. Y sale viva. Deshilacha los tiempos en el conurbano sur.

Y es una surgente.

Liliana Majic es una mujer obsesionada por el lenguaje y la escritura. Todas las terapias convencionales y alternativas aseguraron que por problemas de comprensión estudió Comunicación Social (en la UNLP, cuando era el único lugar y todavía no estaba tan de moda).

Tiene un problema con los códigos, habla mal inglés y pésimo croata. Era de las que no iba a tener hijos, pero es madre de tres, a los que agradece el redescubrimiento de la vida. Los chicos heredaron su amor por el rock, Charly García y los Redondos.

Algunos dicen que es poeta. Ella insiste en ser una trabajadora de las palabras.

No puede dejar de mirar al cielo, con los inconvenientes que eso implica. Recién este año se dio cuenta de que no era imposible y se compró un telescopio.

Dispersa, como muchos comunicadores, también hace yoga, ama las flores y la naturaleza.

El azar (y el neoliberalismo noventoso) la llevaron de un pasquín a las secundarias del Gran Buenos Aires, donde trabajó justo la mitad de su vida.

Ahora volvió al periodismo. Y es una surgente.

 

 

 

 

 

Nadia Fink nunca pensó que sería periodista. O que escribiría para ganarse la vida. Veía fútbol todo el día y hacía resúmenes de los partidos para practicar. Primero quiso ser Directoria Técnica; después, periodista deportiva, pero la realidad le alcanzó para estudiar el Profesorado de Nivel Inicial.

También le gustaban las chicas y los chicos, claro, y el patriarcado metió la cola.

Editar es lo que prefiere, sin duda, porque es un laburo en las sombras que mejora el texto ajeno y deja los egos de lado. La primera nota que escribió en su vida fue, por supuesto, de fútbol. Sobre su querido Ñulsolboys. Y después llegó el periodismo para contar historias, las de los márgenes, las que se lucían poco, las que era necesario reflejar.

Y una cosa llevó a la otra y la maestra jardinera se mezcló con la periodista para, por fin, veinte años después, hacer una colección que rescatara personajes de la historia (mujeres, sobre todo) y los contara en clave de infancia en las colecciones Antiprincesas y Antihéroes de la editorial Chirimbote.

Hoy, además, está a cargo de la sección deportes del portal Marcha Noticias.

Cree, afirma, que los sueños se cumplen. Es una surgente.

Carolina Muzi nació entre océano y pampa, a orillas de la patagonia: pura ventolera. Quizá esas fuerzas telúricas contribuyeran a su dispersión. Víctima  de los paisajes de modo integral, la atraen sobre todo sus gentes y el modo en que las culturas resuelven el refugio y las cosas para la vida.

Al retorno de la democracia emigró de un enclave milico como Bahía Blanca a estudiar donde más fuerte pulsaban los reclamos de justicia posdictadura: La Plata.

Desde ACOPI, una cooperativa de prensa latinoamericana nómade, juntó anticuerpos como para ingresar a Clarín. Ahí trabajó 16 años de redactora y editora, la mitad en VIVA y los últimos, remando la revista de diseño que ideó: dni. Pergenió otras, como MAIZ, IF y CIA revista.

Todera por naturaleza, crónica y ensayo son los géneros que más disfruta: le permiten bordar con estelas biográficas cruces entre presente y pasado. Da clases de periodismo gráfico en UNLP y en UNDAV, donde también es docente de Historia del diseño.

Es surgente porque vive y surca entre sures: Avellaneda, Villa Elisa, La Plata, o Bahía, acompañada de una pasión que, de casualidad, encierra su nombre: la múZica. Aquí agitará su Lá, lá, láS de mujeres que cantan historias.

 

 

 

 

Claudia Rafael es trabajadora de prensa. Periodista por elección aunque, en los últimos años, empezó también a tomarle el gusto a la fotografía como complemento de la palabra. Publicó “Ruth, entre Auschwitz y el Olimpo”, sobre la historia de una mujer que sobrevivió a las tragedias más hondas de la condición humana. Se formó en la vieja escuelita de periodismo de la Universidad Nacional de La Plata en donde –siempre definió- aprendió más en las asambleas y en los pasillos que adentro del aula. Viajó, vivió como inmigrante y publicó notas sobre racismo y xenofobia en periódicos sindicales del norte de Italia. Hizo radio y periodismo gráfico en Olavarría y publicó en Miradas al Sur, InfojusNoticias, Página12 y Sudestada.

Desentrañó, por obstinación periodística, historias de trata de personas y femicidios nunca reconocidos. Se especializó en temas judiciales, de géneros y de derechos humanos. Es co-editora de APe, Agencia de Noticias de Pelota de Trapo y educadora popular.

Está convencida de que “Una canción posible” en la voz de Mercedes Sosa justifica el paso de la Negra y de Víctor Heredia (banda de sonido de su propia vida) por este mundo.

Cuando canta, por puro placer, siente que la primavera le recorre las venas. Es una surgente.

Surgentes es una semilla de rebeldía. Un grupo de mujeres que hacemos periodismo desde abajo. Desde la calle y desde nuestros ovarios. Trabajadoras, ante todo. Dispuestas  a deconstruir aquello que se supone consabido.

Sabiéndonos descalzas y desnudas de ropajes impuestos. Aprendiendo día a día a romper moldes. Atreviéndonos a ir más allá de las fronteras. ¿De qué fronteras? Quién sabe.

Surgentes es una página de crónicas, entrevistas, análisis que no irá corriendo detrás de las noticias sino que se tomará todo el tiempo del mundo para descubrir y redescubrir historias que nos rodean. Historias plagadas de luces y de sombras.

Sabedoras y concientes de la imperiosa urgencia de visibilizar aquello que se busca ocultar. De ponerle palabras a aquello que tantas veces se diluye en silencios.

Somos surgentes por obstinación. Por estar irreverentemente vivas. Pero, además y también, porque parir un medio periodístico desde las entrañas y sin tapujos ni ataduras es en sí mismo una utopía. Un acto de insurgencia y de rebelión.